Sabia savia por su lienzo: la cosmovisión de Marcos Acosta

05/10/2017

Marcos Acosta es, más que un pintor, dibujante, o escultor cordobés, un gran filósofo contemporáneo. No es porque no oficie de artista, ya que lo hace con absoluto vigor desde los ocho años, sino porque él mismo define pintar como “un proceso de pensamiento entrelazado con algo profundamente espiritual”. “Para mi, dice, [pintar] significa una oportunidad de ahondar en mí mismo y, a través de ello, en el universo”.

 

Desde el cielo el universo parece dejarse entrever, y esa hendija se ha convertido en la musa inspiradora de Marcos, que ha admirado con fascinación e incomprensión la majestuosidad del paisaje, ya sea desde las cimas serranas de su córdoba natal, sobrevolando -como buen flaneur- las ciudades desde la ventanilla de un avión, o a 3.000 metros de altura, en Abra del Infiernillo, el paso montañoso que une los Valles Calchaquíes con Tafí del Valle en Tucumán. “Mi principal fuente de inspiración es la realidad, lo que percibo de ella. Por supuesto que la naturaleza misma es la fuente entonces. Mis viajes influyen mucho, porque son nuevas realidades que se abren frente a mí”, admite. Y agrega,“Sin dudas el paisaje es el tema que más me interesa desde hace ya algunos años. Por un lado, es casi natural que sea mi gran tema, ya que soy de un lugar en el que el paisaje es protagonista.Y por otro lado, el paisaje es la excusa perfecta para reflexionar sobre el tema que anima mi trabajo: el hombre.”

 

La obra de Marcos está en su totalidad atravesada por una temática de larga tradición en la historia del arte: la (conflictiva) relación entre el hombre y la naturaleza. “El hombre cree, erróneamente, no ser parte de la naturaleza. Cree que está aquí para controlarla, dominarla, hacer de ella un elemento que lo beneficie. Y en ese sentido creo que es un error absoluto, ya que somos parte de la naturaleza. No somos ni más ni menos que el resto de los elementos que la componen. Estamos para fluir con ellos en un designio que no nos compete y contra el que no podemos hacer nada”, formuló.

 

 

 Tormenta II / Óleo sobre tela / 120 x 100cm

 

Hoy Marcos es licenciado en Pintura de la Universidad Nacional de Córdoba. Pero previo a que sus padres le construyeran su primer atelier -cuando tenía trece años-; antes de empezar a ir al taller de plástica -a los diez-; en fin, cuando ni siquiera había decidido ser artista -cosa que hizo a los ocho-, quería ser Paleontólogo, Astrónomo, Geólogo, o Biólogo como su hermano. Pero la razón científica es, para los románticos, la enmascarada pretensión de dominio científico-tecnológico absoluto. Quizás esa paradoja evidencia por qué dicho artista abandonó el camino de las ciencias que lo había cautivado de pequeño.“El arte empezó a ser la herramienta más adecuada, ya que lo que es imposible de comprender desde la lógica, tal vez es posible de indagar a través del arte. El arte siempre me pareció un camino de introspección, espiritual, que buscando ´respuestas´ solo consigue más ´preguntas´”. El artista adopta a esta disciplina como el lenguaje que le permite moverse en el campo de los dilemas irresolubles, ya sea a través de un video, una pintura, un grabado, una escultura o un texto. No obstante, su mayor reto lo encuentra siempre en la pintura, debido a que “es un lenguaje que va a "contrapelo" de nuestro tiempo, en el que todo debe ser inmediato y veloz. La pintura exige tiempo en su ejecución. Y es un verdadero desafío crear una imagen contemporánea y a la vez universal y atemporal”, según manifiesta.

 

El afán de superioridad de nuestra especie es, para Acosta, “El origen de la catástrofe”, nombre con el que bautizó a una de sus series más relevantes. En dicho trabajo, presentado en 2009, el embeleso que nos genera con los más bellos horizontes se aniquila ante la irrupción de una figura geométrica intrusa, la cual perturbadoramente nos advierte que ese paisaje es perecedero. Quizás esa sensación se asemeja a la sacudida que él mismo experimentó en San Juan, frente al Valle de la Luna, cuando un especialista mencionó que, inexorablemente, todo lo que hoy compone a nuestra civilización algún día también se verá petrificado como esa formación de fósiles, sedimentos, y minerales del período Triásico. Una tensión similar es la que Marcos logra generar en el espíritu de su audiencia. Sus obras se basan en el contrapunto. No intenta imponer una verdad sino suscitar un desconcierto para que el espectador comience a indagar sus propias preguntas. “Me interesa mucho esa idea de que una obra interpele al que la ve: lo cuestiones o le rompa los esquemas de lo que esperaba ver o pensar. Me gusta que genere más confusión que certezas".

 

El origen / Óleo sobre tela / 80x60cm

 

Si bien en sus inicios, guiado por una pulsión interna de improvisación, Marcos había elaborado un cuerpo de obras de estética expresionista, progresivamente se fue aventurando en un campo bien distinto. Hacia el año 2012  comenzó a crear sus pinturas a partir de bocetos elaborados por computadora y basados en fotografías. “Ya habiendo definido qué haré en cada obra que encaro, el trabajo desde lo plástico se centra en crear una nueva realidad que supere la reproducida por la foto”, sostuvo. Este viraje quedó expresamente reflejado en una de las tres secciones que componen a “Todas las ciudades”, la última serie que tuvo en exposición, donde logró contrarrestar la reproductibilidad técnica descomponiendo fotografías para plasmarlas sobre lienzo en forma de píxeles, generando, de nuevo, esa sensación inquietante y siniestra que obstruye la mirada en un acto de profundo extrañamiento.

 

A su vez, la segunda sección que constituye a esta suerte de “trilogía”, atañe, como su nombre lo indica, a las ciudades. Al considerar que no existe un límite entre lo natural y artificial, Acosta presenta a las urbes como un paisaje domesticado, tan geométrico como orgánicamente vivo."Si podemos concebirnos como un ser que es parte de la naturaleza, entonces todo lo que hagamos es parte de ella también. No creo que nadie diga que un panal de abejas es artificial, por lo mismo tampoco deberíamos pensar que una ciudad lo es”, explicó.

 

Actualmente Marcos, además de haber comenzado a preparar un libro en el cual refleja sus 25 años de trayectoria, está elaborando una nueva serie que consiste en una profundización y, a la vez, un desprendimiento del último capítulo de “Todas las ciudades”: el paisaje. Si bien se trata de una búsqueda espiritual que va “mucho más allá” que su serie anterior, al estar en pleno proceso de producción, aún no esbozó una denominación particular que la englobe.“Me entusiasma buscar diferentes maneras de pensar, y eso es lo que hago. Creo entonces que si mi obra, a pesar de su permanente cambio desde lo formal, tiene algún rasgo que la distinga, es justamente ese: el juego de opuestos”,  sintetizó, dando cuenta de que el choque de fuerzas en el plano perdurará siempre como concepto organizador de todo su arte.


 

Grieta / Óleo sobre tela / 90 x 110cm

 

Marcos se pregunta y no se responde, cree en la búsqueda y no busca a quien creerle, su vida es una reflexión constante. Quizás por ello hoy en día no tiene muchos referentes claros, más allá de su “primer gran amor” Vincent Van Gogh y el británico David Hockney. Ambos artistas, casualmente, eran sinestésicos. Es decir, tenían la cualidad excepcional de percibir un estímulo por otro sentido distinto al ordinario como, por ejemplo, ver con los oídos. ¿Podrá Marcos oír imágenes? Si bien el admite no escuchar colores, es llamativa su confesión: “Tal música con tal letra me trae a la mente tal imagen o me sugiere tal cosa. En las imágenes que [me van] surgiendo hay una especie de textura, que viene de ese sonido. Yo me siento más influenciado por músicos que por pintores”, afirmó, luego de nombrar como referentes a la famosa banda británica Pink Floyd, el gran poeta y compositor Luis Alberto Spinetta, y el magnífico cantante y guitarrista de Soda Stereo, Gustavo Cerati, con quien forjó una amistad. “La música, que es tan abstracta, inclusive con la misma poesía que tiene, me sirve mucho [para] abrirla a la obra. Que sea una obra más abierta y menos entendible en un solo sentido”, declaró, reafirmando su intención de desconcertar.

 

Como si no fuese suficiente para una vida que aún no llega a la cuarta década, Marcos es, además, docente. Pero, fiel a su estilo, no dicta un taller de pintura, sino de producción y pensamiento, sirviéndose de su búsqueda espiritual y su experiencia previa en el campo del arte para facilitarle senderos a sus alumnos de taller. “Considero que el arte en sí mismo no se puede 'enseñar'. Al ser un modo de introspección espiritual, uno sólo puede oficiar de 'guía'. Mi tarea para esto se asemeja a un 'lugareño' en el monte, que te guía para llegar a dónde te interesa ir, pero el monte en sí mismo lo atraviesa cada uno. Cada uno hace su camino". La herencia de uno de sus más importantes maestros, el reconocido Carlos Peiteado, parece asomar en su concepción sobre la docencia ya que, dicho escultor, no le enseñó a pintar, sino a ver el mundo. “Terminé de entender con él que [la búsqueda del artista] es una búsqueda profundamente espiritual”, aseveró, dejando en claro, por si quedaba alguna duda, su naturaleza reflexiva y filosófica.

 

 Paradoja III / Óleo sobre tela / 100 x 100cm

 

Aunque Marcos viajó mucho, y sus obras llegaron a exponerse no sólo a lo largo del territorio argentino, sino también en países como Brasil, Colombia, Norteamérica y hasta en colecciones privadas de Europa y Asia, el siempre volvió a su pintoresco barrio, San Vicente, donde ahora está por construir un nuevo taller rodeado inspiración natural en forma de sierras. "La mejor maestra que hay para mi por lejos es la propia naturaleza. Yo prefiero hacerme una escapada a las montañas, escalarme unas y ahí aprendo un montón”, afirma, dando cuenta que el contacto con la naturaleza es el néctar de su pensamiento y que sus viajes no son más que momentos de profunda resignificación cuyas reflexiones seguirá plasmando, mientras el sol continúe brillando, como “sabia savia por [su lienzo]”.

 

 

 

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